Las distintas religiones nos ofrecen un panorama poco alentador por cuanto persisten inconvenientes en aquellos lugares en donde conviven dos o más grupos religiosos. La adaptación recíproca y la convivencia se tornan a veces poco factibles. De ahí que debamos establecer algún criterio para la aceptación, o el rechazo, de las distintas propuestas que surgen desde ese ámbito. Para que exista unión entre los diversos sectores es necesario buscar aquellos aspectos que sirvan de vínculo, es decir, debemos buscar aspectos de coincidencia superiores que permitan establecer acuerdos mínimos y durables. Es un caso parecido al del tradicional antagonismo existente entre clubes de fútbol cuya rivalidad da lugar a diversos enfrentamientos. En ese caso, la instancia superior es el seleccionado nacional, el cual se conforma con los aportes de jugadores de varios clubes y se consigue así la unión de todos los simpatizantes, actuando como un vínculo de unión por cuanto es compartido y aceptado por todos.
En el caso de las religiones, sólo existe como fundamento una tradición oral y escrita que ha de aceptarse mediante la fe. Varias de ellas parten de la certeza de que hubo una previa alianza entre Dios y algún profeta, siendo su contenido distinto a la establecida entre Dios y otros profetas. De ahí que el camino de la tradición y de la fe resulta insuficiente para llegar a algún tipo de acuerdo. Sin embargo, llega a nuestra ayuda la visión del mundo que disponemos a partir de la ciencia experimental, la que puede considerarse como una instancia superior para dirimir conflictos religiosos.
En realidad, la instancia superior no es la ciencia en sí, sino el concepto de ley natural. Todo lo existente se encuentra regido por algún tipo de ley, ya se trate del mundo material o bien sea de los propios seres humanos. Los libros sagrados, al ser escritos por hombres, llevan cierto subjetivismo implícito, por lo que resultan insuficientes para el propósito unificador. Por el contrario, las leyes naturales tienen un carácter objetivo por cuanto no son hechas por el hombre, sino que vienen de Dios, o de la naturaleza.
A partir de ahí, todo resulta más sencillo por cuanto tenemos un marco de referencia objetivo respecto del cual podremos convalidar todo contenido religioso de la misma manera en que se verifica una teoría científica; es aceptada aquella que concuerda en mayor grado con las leyes naturales que trata de describir, siempre que el error sea menor que el admisible en su propio ámbito del conocimiento.
Si el contenido de alguna religión resulta incompatible con alguna ley natural elemental, debemos suponer que falló la religión, y no la propia ley, que viene de Dios. Así como las distintas teorías científicas, referidas a un mismo tema, se adaptan en mayor o menor grado a las leyes naturales, las distintas religiones también se adaptarán de esa forma. De ahí que les otorguemos una presunción de veracidad diciendo que son todas verdaderas hasta que se demuestre lo contrario.
Cuando una religión produce resultados poco deseables por cuanto da lugar a antagonismos irreconciliables, decimos que resulta incompatible con el espíritu de la religión, o que ha sido adaptada a los gustos particulares de las distintas personas o grupos, es decir, a la religión moral se la ha distorsionado hasta convertirla en una religión pagana; o que se la ha paganizado.
Recordemos que las religiones politeístas eran denominadas “paganas” por los cristianos, por cuanto se basaban en la creencia en la existencia de dioses especializados en alguna de las fuerzas de la naturaleza, mientras que las religiones reveladas habrían de ser consideradas, con el tiempo, compatibles con las leyes naturales, y de ahí su carácter esencialmente moral, es decir, mientras que en el caso de la religión pagana es el dios especializado quien actúa favoreciendo a quienes le piden algún favor, en las religiones morales los favores se logran luego de un comportamiento ético adecuado consistente en el cumplimiento de los mandamientos establecidos al respecto.
Si bien, puede argumentarse, la ciencia experimental describe los aspectos evidentes y comprobables de la realidad, se le sugiere no inmiscuirse en aquellos poco evidentes e incluso poco accesibles a la razón, atribuidos al contenido de la religión. Sin embargo, es evidente que toda religión termina definiendo una actitud a adoptar, siendo accesibles a la observación tanto los seres humanos como sus actitudes, las que, justamente, son accesibles a nuestras decisiones por cuanto admiten cambios favorables (y también desfavorables).
A partir del conocimiento disponible en la actualidad, podemos establecer una religión natural que ha de ser compatible con la ley natural y con la ciencia experimental. Luego, se podrá intentar buscar cierta compatibilidad de alguna de las religiones tradicionales con la religión natural. De esa forma podremos convalidar o fortalecer a la religión tradicional con la esperanza de que ello permita lograr algún tipo de mejoramiento en las relaciones entre individuos y entre pueblos. Si bien esta postura puede ser rechazada por muchos adherentes a las creencias tradicionales, debe recordarse que esta propuesta trata de salvar los serios conflictos producidos por aquéllas y que, si se la rechaza, simplemente seguiremos como hasta ahora con los conflictos de siempre. Si el conflicto es mayoritariamente deseable, en lugar de la paz, poco podrá hacerse para revertir la situación.
La religión natural, como se dijo, describe y busca adaptarse a las leyes naturales, mientras que el adepto a la religión tradicional, por lo general, pide a Dios que interrumpa las leyes naturales por él establecidas, lo que es visto desde la religión natural como una forma de rebelión contra tales leyes y de ahí, hacia el propio Dios. En la postura deísta, como también se denomina a la que adhiere a la religión natural, se excluye el milagro estricto, como una intervención de Dios que interrumpe sus propias leyes, por cuanto la idea esencial radica en nuestra posible adaptación a las mismas, que encuadra en el proceso general de adaptación provisto por la propia naturaleza en el proceso de evolución y posterior adaptación. De ahí que la religión natural consista esencialmente en un medio que explícitamente busca establecer nuestra adaptación cultural al orden natural.
Podemos decir que dos religiones son equivalentes cuando sugieren mandamientos similares, por lo que han de inducir similares comportamientos en sus receptores. De ahí que si podemos, en el marco de las ciencias sociales, establecer sugerencias de tipo ético y también de tipo cognitivo, y si esas sugerencias han de coincidir con los mandamientos asociados a alguna religión tradicional, entonces podremos afianzar la religión moral ya que será accesible no sólo a quienes basan sus vidas en la fe, sino también en quienes lo hacen a partir del razonamiento y de la observación directa de la realidad.
Desde la Psicología Social se considera a la actitud característica como la resultante de toda herencia biológica y de toda influencia social recibida por el individuo. Tal tipo de respuesta individual, que caracteriza a todo individuo, habiendo tantas actitudes posibles como individuos existan, puede clasificarse, sin embargo, en base a unos pocos componentes que son como los “ingredientes” básicos de los cuales todos tenemos, aunque en distintas proporciones.
Como en la Psicología Social se establecen descripciones que involucran a las dos tendencias principales, como la cooperación y la competencia, las componentes afectivas de nuestra actitud característica responderán a esas tendencias, es decir, para responder eficazmente a la tendencia a la cooperación, disponemos del amor, como la aptitud para compartir las penas y las alegrías de los demás como si fuesen propias, lo que también se conoce como empatía. Por otra parte, quienes adoptan una actitud competitiva disponen del egoísmo y del odio, siendo el egoísmo la tendencia a interesarnos sólo por cada uno de nosotros mismos mientras que el odio transforma las alegrías ajenas en tristeza propia y la tristeza ajena en alegría propia. Para completar el espectro de las respuestas afectivas posibles, tenemos a la indiferencia que se manifiesta como una negligencia afectiva.
En cuanto a nuestro proceso cognitivo, es posible describirlo en base al mismo método utilizado por la ciencia experimental, tal el de “prueba y error”. Para poder establecerlo, necesitamos una referencia para poder hacer comparaciones y para adaptarnos luego, paulatinamente, a esa referencia, tratando de hacer más pequeño al error, especialmente el asociado a las ideas que nos permiten formar una imagen general del mundo que nos rodea. De ahí que las referencias posibles podrán sintetizarse en la propia realidad, en uno mismo, en otra persona y en lo que piensa la mayoría.
Una vez que disponemos de una descripción acerca de “cómo es” el hombre, llegamos al “cómo debe ser” mediante un proceso de optimización. Y tal optimización simplemente consiste en la elección de la componente afectiva que nos lleva a la cooperación y de la componente cognitiva que nos lleva a una adaptación a la ley natural. De ahí que se opta por el amor como componente afectiva, mientras que, como componente cognitiva, adoptamos a la realidad como referencia para toda comparación.
Puede comprobarse que ambas componentes elegidas coinciden con los dos mandamientos enunciados por Cristo y que, incluso, ya aparecen, aunque algo dispersos, en el Antiguo Testamento. Tal coincidencia surge de la interpretación hecha desde la visión que nos da la descripción del hombre antes mencionada. Así, cuando Cristo sugiere (u ordena): “Amarás a Dios tu Señor con todo tu corazón y con toda tu alma y con toda tu inteligencia”, puede interpretarse como una sugerencia a adoptar a la ley de Dios, la ley natural, como referencia para una posterior adaptación, por cuanto también sugiere “Busca el Reino de Dios y su justicia, que lo demás se os dará por añadidura”, considerando como el Reino de Dios al gobierno de Dios sobre el hombre luego de una plena aceptación a sus leyes y al orden natural respectivo.
Para convalidar tal interpretación, viene “en nuestra ayuda” Baruch de Spinoza con su “amor intelectual de Dios”, por cuanto el amor, definido como nuestra capacidad para compartir las penas y las alegrías de los demás, resulta imposible de compatibilizar con nuestro vínculo hacia un ente invisible que sólo se manifiesta a través de sus leyes. De ahí que, si interpretamos tal mandamiento como algo que tiene que ver con nuestro aspecto cognitivo, antes que afectivo, resulta algo comprensible y razonable. Finalmente, el “Amarás a tu prójimo como a ti mismo” es la sugerencia afectiva que generaliza la moral, identificando la moral social con la individual, ordenando adoptar una actitud que nos permita compartir las penas y las alegrías de los demás como si fuesen propias, algo que cuesta bastante lograr. Es de esperar que así pueda el cristianismo ampliar su influencia social permitiendo llegar no sólo al que tiene cierta postura filosófica respecto del mundo, sino a quienes adopten posturas filosóficas distintas a la predominante y tradicional.
miércoles, 5 de junio de 2013
miércoles, 22 de mayo de 2013
Objetivos de la Psicología social
Por lo general, no resulta sencillo definir los alcances y objetivos de cada una de las ramas humanísticas y sociales de la ciencia, por cuanto no existen límites definidos que las separan. De ahí que, en el caso de determinada investigación, no tenga mayor importancia ubicarla estrictamente en una de ellas. Sin embargo, todo científico social se ha de identificar con alguna rama mucho más que con las restantes, por cuanto su perspectiva personal le permite adaptarse sólo en una forma selectiva. Lo que para el lector puede interpretarse como una pequeña diferencia, para el autor implicará, sin embargo, su identificación con una vocación definida o bien cierta indiferencia.
La psicología estudia al ser humano en forma individual, aunque ello no signifique que lo ha de estudiar sin una interacción social básica, por cuanto no existe en la realidad el individuo aislado totalmente. Por otra parte, la psicología social lo ha de describir en interacción con la sociedad, por lo que, aparentemente, no habría grandes diferencias o bien no existirían motivos para la existencia de esta última rama. El antropólogo S. F. Nadel escribió al respecto:
“La psicología social constituye un campo de investigación independiente, o bien tiene que dedicarse a un tipo de fenómenos que no explican las otras ramas de la psicología, o bien estudiar fenómenos comunes a todas las ramas desde un punto de vista especial. En el sentido que tiene en el primer caso, la psicología social se contrapone por lo común a la psicología individual. Esta distinción sólo tendrá sentido si puede decirse que la psicología individual estudia los hechos mentales peculiares de los individuos aislados; pensamientos o emociones que viven, en una forma única, en las mentes de personas escogidas, pero que desaparecen o se convierten en algo diferente en el hombre que vive en sociedad. Esto me parece absurdo. Aparte, quizás, de los estudios sobre la personalidad o de casos psicopatológicos, la psicología «individual» se ocupa, no de un individuo, o de un grupo escogido de individuos, sino del individuo, y trata de descubrir regularidades válidas, con cualesquiera variaciones, para el hombre en general”.
“Nadie puede sostener en serio que hay una psicología cuyo universo está poblado de silabas sin sentido, rompecabezas y escalas de medida, y otra que estudia los contenidos vivos de las percepciones, los pensamientos y las emociones”. “No está justificado, pues, separar una psicología «social» de una psicología «no social», cada una de las cuales estudia un orden diferente de fenómenos”. “Muchos estudios de psicología social, excelentes como esfuerzos descriptivos, no son más que esto; difieren poco, salvo quizás en el vocabulario, de las descripciones que puede hacer cualquier antropólogo bien preparado en psicología” (De “Fundamentos de Antropología Social”-Fondo de Cultura Económica-México 1955).
Unas décadas más adelante, el panorama descrito resulta bastante distinto. Michael S. Gazzaniga escribió: “La psicología propiamente dicha ha muerto. Quizá sea mejor decir que hoy se halla en una situación extraña. Darmouth, mi colegio universitario, está construyendo un nuevo y magnífico edificio para la cátedra de psicología. Pero sus cuatro pisos se distribuyen como sigue: el sótano se dedica a la neurociencia, el primer piso a salas de clases y administración, el segundo a la psicología social, el tercero a la ciencia cognitiva y el cuarto a la neurociencia cognitiva. ¿Por qué lo llaman «edificio de psicología»?”. “Las grandes interrogantes de los psicólogos clásicos evolucionaron hacia terrenos que pueden ser explorados por otros científicos”. “Esto no significa que los procesos y estados psicológicos carezcan de interés o sean aburridos. Por el contrario, constituyen fragmentos fascinantes de un enigma que muchas mentes curiosas intentan desentrañar. No hay duda de que la pregunta que debemos contestar en el siglo veintiuno es de qué manera el cerebro habilita la mente” (De “El pasado de la mente”-Editorial Andrés Bello-Santiago de Chile 1998).
Una de las principales diferencias entre psicología social y sociología, radica en que la primera pone énfasis en la influencia que tienen las ideas dominantes en la sociedad respecto de la acción individual. De ahí que uno de sus objetivos ha de ser el de establecer una ideología de adaptación del hombre a la sociedad y al orden natural. Kimball Young escribió: “La psicología social estudia la interacción reciproca entre las personas y los efectos que esta interacción ejerce sobre los pensamientos, sentimientos, emociones y hábitos del individuo. Como campo de investigación, la psicología social tiene sus raíces en la psicología y la sociología, pero la historia, la ciencia política, la economía y la filosofía han contribuido mucho al estudio de la interacción humana” (De “Psicología social”-Editorial Paidós-Buenos Aires 1963).
Por otra parte, Edwin Hollander escribió: “La psicología social es uno de los campos interesados en el estudio objetivo del comportamiento humano. Su enfoque particular está dirigido hacia la comprensión de la conducta social ejemplificada por el efecto de un individuo o de un grupo sobre otro individuo, ya sea en el sentido real o virtual. Sobre la base del proceso de influencia social, estos efectos producen fenómenos tales como la conformidad, el liderazgo, el prejuicio, la moral colectiva y el conflicto intergrupal”. “Al estudiar la influencia social, la psicología social atiende a la relación entre variables tales como las actitudes, los valores, la cohesión grupal, los roles, las normas y los grupos de referencia; en el terreno de la investigación, su actividad está orientada hacia la verificación de los efectos recíprocos de estas variables, según son postuladas en las concepciones teóricas” (De “Principios y métodos de psicología social”-Amorrortu Editores-Buenos Aires 1968).
Si queremos disponer de una definición muy elemental de las ciencias mencionadas, podemos decir que la psicología estudia al ser humano en interacción familiar, u hogareña. La psicología social lo hace respecto de la interacción social en la calle, o más allá del hogar; la sociología estudia los distintos ordenamientos e instituciones que conforman el orden social, mientras que la antropología estudia los vínculos entre cultura y personalidad, principalmente en forma histórica o experimental.
La especialización de las distintas ramas de la ciencia lleva también a una especialización interna en cada una de ellas, generalmente como ciencia teórica, por una parte, y ciencia experimental, por la otra. De ahí que exista una “psicología social teórica”, con una organización de tipo axiomático, y una “psicología social experimental”, cuyo contenido podrá ser deducido desde la parte teórica, al menos en principio.
Podemos decir que la psicología social teórica ha de conformarse a partir de algunos conceptos, o variables descriptivas, que permitan establecer una síntesis capaz de sustentar a la psicología social experimental como así también promover una orientación en la vida de todo ser humano. Las variables propuestas y principios adoptados, serán:
1- Tendencia a la cooperación
2- Tendencia a la competencia
3- Actitud o respuesta característica
4- Influencia recíproca entre conducta e ideas
5- Influencia recíproca entre individuos, y entre individuos y grupos
Podemos entonces definir la función esencial de la psicología social en base a los principios o fundamentos mencionados: “Es la rama de la ciencia que tiene como objetivo establecer una ideología de adaptación, tratando de lograr en todo individuo el predominio de una actitud favorable a la cooperación y desfavorable a la competencia”. En cuanto a la competencia, como tendencia que debe evitarse, es oportuno aclarar que hace referencia a la competencia egoísta y no a la vigente en la economía de mercado, ya que, en ese caso, la competencia entre productores implica una mejora en la cooperación hacia el consumidor.
Puede observarse que, a partir de los principios adoptados, se contemplan los dos conceptos generales que históricamente se utilizan para la descripción del comportamiento humano: la conducta o acción, por una parte, y el conocimiento, por la otra. Además, al encontrar las componentes afectivas de la actitud característica (amor, odio, egoísmo, indiferencia) puede establecerse una ética natural básica, mientras que, para encontrar las componentes cognitivas de tal actitud (referencia en la realidad, en uno mismo, en otro o en la mayoría) se requiere disponer previamente de una teoría del conocimiento. Las componentes mencionadas permiten, además, establecer una descripción básica de la personalidad. Todos estos aspectos son observables y comparables, y por lo tanto, cuantificables, respondiendo a los requerimientos que debe cumplir toda descripción compatible con el método de la ciencia experimental.
Como se dijo antes, debido a las influencias existentes entre individuos, y entre ideas y conducta, la psicología social ha de ser la que mejor se adapta para plantear una ideología que sea capaz de mejorar todo ámbito social. En este caso, a la palabra “ideología” se la asocia a “ciencia de las ideas”, es decir, al conjunto de ideas fundamentado en una teoría axiomática que le brinda a todo individuo la posibilidad de adaptarse plenamente al orden natural, o al orden social óptimo que debería existir. Tal orden ha de ser, por otra parte, la resultante del predominio de una actitud cooperativa individual en lugar de partir de un modelo de sociedad previamente supuesto.
Si bien tal realización puede parecer demasiado pretenciosa, debe tenerse presente que alguien debe hacerlo. Justamente, quienes estudian las influencias reciprocas entre individuos e ideas, son quienes deben disponer de la información suficiente para establecer la influencia mencionada. Tal ideología deberá ser accesible, por otra parte, al ciudadano común, trascendiendo los ámbitos estrictamente universitarios o intelectuales, algo que, si bien puede costar trabajo alcanzar, al menos se deben realizar todos los intentos posibles respecto a su logro.
Una ideología emergente de la psicología social no es otra cosa que una adecuada descripción verbal de las consecuencias de una teoría establecida que vincula la mayor parte del conocimiento alcanzado en una etapa de su desarrollo, lo que no resulta ser, después de todo, una exigencia fuera de lo que normalmente se hace. Por lo general, se opina que la ciencia social debe ser descriptiva en lugar de normativa, y que debe apuntar a describir “lo que es” en lugar de sugerir “lo que debe ser”. Debe tenerse presente, sin embargo, que “lo que debe ser” simplemente consiste en una optimización de “lo que es”. Así como el docente, sin la obligación de ser un “ejemplo ético” para sus alumnos, brinda una influencia positiva, el psicólogo social deberá ser como un docente de masas, capaz de modificarlas en un sentido positivo.
La psicología estudia al ser humano en forma individual, aunque ello no signifique que lo ha de estudiar sin una interacción social básica, por cuanto no existe en la realidad el individuo aislado totalmente. Por otra parte, la psicología social lo ha de describir en interacción con la sociedad, por lo que, aparentemente, no habría grandes diferencias o bien no existirían motivos para la existencia de esta última rama. El antropólogo S. F. Nadel escribió al respecto:
“La psicología social constituye un campo de investigación independiente, o bien tiene que dedicarse a un tipo de fenómenos que no explican las otras ramas de la psicología, o bien estudiar fenómenos comunes a todas las ramas desde un punto de vista especial. En el sentido que tiene en el primer caso, la psicología social se contrapone por lo común a la psicología individual. Esta distinción sólo tendrá sentido si puede decirse que la psicología individual estudia los hechos mentales peculiares de los individuos aislados; pensamientos o emociones que viven, en una forma única, en las mentes de personas escogidas, pero que desaparecen o se convierten en algo diferente en el hombre que vive en sociedad. Esto me parece absurdo. Aparte, quizás, de los estudios sobre la personalidad o de casos psicopatológicos, la psicología «individual» se ocupa, no de un individuo, o de un grupo escogido de individuos, sino del individuo, y trata de descubrir regularidades válidas, con cualesquiera variaciones, para el hombre en general”.
“Nadie puede sostener en serio que hay una psicología cuyo universo está poblado de silabas sin sentido, rompecabezas y escalas de medida, y otra que estudia los contenidos vivos de las percepciones, los pensamientos y las emociones”. “No está justificado, pues, separar una psicología «social» de una psicología «no social», cada una de las cuales estudia un orden diferente de fenómenos”. “Muchos estudios de psicología social, excelentes como esfuerzos descriptivos, no son más que esto; difieren poco, salvo quizás en el vocabulario, de las descripciones que puede hacer cualquier antropólogo bien preparado en psicología” (De “Fundamentos de Antropología Social”-Fondo de Cultura Económica-México 1955).
Unas décadas más adelante, el panorama descrito resulta bastante distinto. Michael S. Gazzaniga escribió: “La psicología propiamente dicha ha muerto. Quizá sea mejor decir que hoy se halla en una situación extraña. Darmouth, mi colegio universitario, está construyendo un nuevo y magnífico edificio para la cátedra de psicología. Pero sus cuatro pisos se distribuyen como sigue: el sótano se dedica a la neurociencia, el primer piso a salas de clases y administración, el segundo a la psicología social, el tercero a la ciencia cognitiva y el cuarto a la neurociencia cognitiva. ¿Por qué lo llaman «edificio de psicología»?”. “Las grandes interrogantes de los psicólogos clásicos evolucionaron hacia terrenos que pueden ser explorados por otros científicos”. “Esto no significa que los procesos y estados psicológicos carezcan de interés o sean aburridos. Por el contrario, constituyen fragmentos fascinantes de un enigma que muchas mentes curiosas intentan desentrañar. No hay duda de que la pregunta que debemos contestar en el siglo veintiuno es de qué manera el cerebro habilita la mente” (De “El pasado de la mente”-Editorial Andrés Bello-Santiago de Chile 1998).
Una de las principales diferencias entre psicología social y sociología, radica en que la primera pone énfasis en la influencia que tienen las ideas dominantes en la sociedad respecto de la acción individual. De ahí que uno de sus objetivos ha de ser el de establecer una ideología de adaptación del hombre a la sociedad y al orden natural. Kimball Young escribió: “La psicología social estudia la interacción reciproca entre las personas y los efectos que esta interacción ejerce sobre los pensamientos, sentimientos, emociones y hábitos del individuo. Como campo de investigación, la psicología social tiene sus raíces en la psicología y la sociología, pero la historia, la ciencia política, la economía y la filosofía han contribuido mucho al estudio de la interacción humana” (De “Psicología social”-Editorial Paidós-Buenos Aires 1963).
Por otra parte, Edwin Hollander escribió: “La psicología social es uno de los campos interesados en el estudio objetivo del comportamiento humano. Su enfoque particular está dirigido hacia la comprensión de la conducta social ejemplificada por el efecto de un individuo o de un grupo sobre otro individuo, ya sea en el sentido real o virtual. Sobre la base del proceso de influencia social, estos efectos producen fenómenos tales como la conformidad, el liderazgo, el prejuicio, la moral colectiva y el conflicto intergrupal”. “Al estudiar la influencia social, la psicología social atiende a la relación entre variables tales como las actitudes, los valores, la cohesión grupal, los roles, las normas y los grupos de referencia; en el terreno de la investigación, su actividad está orientada hacia la verificación de los efectos recíprocos de estas variables, según son postuladas en las concepciones teóricas” (De “Principios y métodos de psicología social”-Amorrortu Editores-Buenos Aires 1968).
Si queremos disponer de una definición muy elemental de las ciencias mencionadas, podemos decir que la psicología estudia al ser humano en interacción familiar, u hogareña. La psicología social lo hace respecto de la interacción social en la calle, o más allá del hogar; la sociología estudia los distintos ordenamientos e instituciones que conforman el orden social, mientras que la antropología estudia los vínculos entre cultura y personalidad, principalmente en forma histórica o experimental.
La especialización de las distintas ramas de la ciencia lleva también a una especialización interna en cada una de ellas, generalmente como ciencia teórica, por una parte, y ciencia experimental, por la otra. De ahí que exista una “psicología social teórica”, con una organización de tipo axiomático, y una “psicología social experimental”, cuyo contenido podrá ser deducido desde la parte teórica, al menos en principio.
Podemos decir que la psicología social teórica ha de conformarse a partir de algunos conceptos, o variables descriptivas, que permitan establecer una síntesis capaz de sustentar a la psicología social experimental como así también promover una orientación en la vida de todo ser humano. Las variables propuestas y principios adoptados, serán:
1- Tendencia a la cooperación
2- Tendencia a la competencia
3- Actitud o respuesta característica
4- Influencia recíproca entre conducta e ideas
5- Influencia recíproca entre individuos, y entre individuos y grupos
Podemos entonces definir la función esencial de la psicología social en base a los principios o fundamentos mencionados: “Es la rama de la ciencia que tiene como objetivo establecer una ideología de adaptación, tratando de lograr en todo individuo el predominio de una actitud favorable a la cooperación y desfavorable a la competencia”. En cuanto a la competencia, como tendencia que debe evitarse, es oportuno aclarar que hace referencia a la competencia egoísta y no a la vigente en la economía de mercado, ya que, en ese caso, la competencia entre productores implica una mejora en la cooperación hacia el consumidor.
Puede observarse que, a partir de los principios adoptados, se contemplan los dos conceptos generales que históricamente se utilizan para la descripción del comportamiento humano: la conducta o acción, por una parte, y el conocimiento, por la otra. Además, al encontrar las componentes afectivas de la actitud característica (amor, odio, egoísmo, indiferencia) puede establecerse una ética natural básica, mientras que, para encontrar las componentes cognitivas de tal actitud (referencia en la realidad, en uno mismo, en otro o en la mayoría) se requiere disponer previamente de una teoría del conocimiento. Las componentes mencionadas permiten, además, establecer una descripción básica de la personalidad. Todos estos aspectos son observables y comparables, y por lo tanto, cuantificables, respondiendo a los requerimientos que debe cumplir toda descripción compatible con el método de la ciencia experimental.
Como se dijo antes, debido a las influencias existentes entre individuos, y entre ideas y conducta, la psicología social ha de ser la que mejor se adapta para plantear una ideología que sea capaz de mejorar todo ámbito social. En este caso, a la palabra “ideología” se la asocia a “ciencia de las ideas”, es decir, al conjunto de ideas fundamentado en una teoría axiomática que le brinda a todo individuo la posibilidad de adaptarse plenamente al orden natural, o al orden social óptimo que debería existir. Tal orden ha de ser, por otra parte, la resultante del predominio de una actitud cooperativa individual en lugar de partir de un modelo de sociedad previamente supuesto.
Si bien tal realización puede parecer demasiado pretenciosa, debe tenerse presente que alguien debe hacerlo. Justamente, quienes estudian las influencias reciprocas entre individuos e ideas, son quienes deben disponer de la información suficiente para establecer la influencia mencionada. Tal ideología deberá ser accesible, por otra parte, al ciudadano común, trascendiendo los ámbitos estrictamente universitarios o intelectuales, algo que, si bien puede costar trabajo alcanzar, al menos se deben realizar todos los intentos posibles respecto a su logro.
Una ideología emergente de la psicología social no es otra cosa que una adecuada descripción verbal de las consecuencias de una teoría establecida que vincula la mayor parte del conocimiento alcanzado en una etapa de su desarrollo, lo que no resulta ser, después de todo, una exigencia fuera de lo que normalmente se hace. Por lo general, se opina que la ciencia social debe ser descriptiva en lugar de normativa, y que debe apuntar a describir “lo que es” en lugar de sugerir “lo que debe ser”. Debe tenerse presente, sin embargo, que “lo que debe ser” simplemente consiste en una optimización de “lo que es”. Así como el docente, sin la obligación de ser un “ejemplo ético” para sus alumnos, brinda una influencia positiva, el psicólogo social deberá ser como un docente de masas, capaz de modificarlas en un sentido positivo.
jueves, 17 de mayo de 2012
Los afectos y la razón
Para comprender el proceso cerebral asociado a nuestro comportamiento afectivo y aquel asociado a nuestro comportamiento racional, resulta conveniente tener presente el proceso evolutivo por el cual hemos ido adquiriendo tales atributos. La idea básica consiste en considerar al cerebro en función de sus tres etapas evolutivas a través de las cuales fue adquiriendo la estructura que nos presenta en la actualidad. Recordemos que la aparición de los reptiles se produjo hace unos 300 millones de años, mientras que los mamíferos surgen hace unos 180 millones de años. Finalmente, hace unos 6 millones de años, aparecen los homínidos. Thomas Lewis, Fari Amini y Richard Lannon escribieron:
“El mismo falible sentido común sugiere que el cerebro humano podría ser unitario y armonioso. No lo es. Un cerebro homogéneo podría funcionar mejor, pero los humanos no lo poseen. Las estructuras evolucionadas no responden a las normas de la lógica sino a las exigencias de su larga cadena de victorias de supervivencia”.
“El doctor Paul MacLean, un gran neuroanatomista evolutivo y científico investigador del Instituto de Salud Mental, ha argumentado que el cerebro humano está formado por tres subcerebros diferenciados, y que cada uno de ellos es producto de una era distinta de la historia evolutiva. El trío se entremezcla y comunica, pero en la traducción se pierde inevitablemente alguna información, porque las funciones, propiedades e incluso la química de las subunidades difieren. Este hallazgo neuroevolutivo en forma de cerebro tres-en-uno, o trino, puede ayudar a explicar cierta anarquía del amor que viene de antiguo” (De “Una teoría general del amor”-RBA Libros SA-Barcelona 2001).
El cerebro reptiliano es el más antiguo de todos y se encarga de procesos tales como la respiración y el control de los latidos del corazón y está ubicado en la capa inferior de nuestro cerebro. Los autores citados escriben: “El cerebro reptiliano, impregnado de fisiología de supervivencia, es el que sigue funcionando en una persona que está «cerebralmente muerta». Si muere el cerebro reptiliano, el resto del cuerpo lo seguirá; los otros dos cerebros son menos esenciales para la neurología encargada de mantener la vida”.
En una posterior etapa evolutiva aparece el cerebro límbico, palabra que proviene de limbus, que significa borde, margen o límite. Los citados autores escriben: “Como la estructura que (Paul Broca) descubrió señala la división evolutiva entre dos formas de vida dispares, su designación inicial demostró ser abrumadoramente adecuada”. La ventaja evolutiva de esta etapa, asociada a la aparición de los mamíferos, implicó el surgimiento del aspecto afectivo, ya que, en cierta forma, la madre cuidaba a sus hijos compartiendo su sufrimiento, algo que no ocurre en el caso de los reptiles, ya que éstos carecen de tal atributo. Se afirma que los afectos, en el ser humano, surgen en dicha zona del cerebro.
Finalmente aparece el neocórtex (o nueva corteza), asociado principalmente al proceso de la información y el razonamiento, que es la función que distingue y caracteriza a la vida inteligente. Los autores citados escriben al respecto: “Otro regalo del neocórtex es la capacidad de abstracción: todas las tareas que requieren representación simbólica, estrategia, planificación o resolución de problemas tienen su sede en el cerebro neocortical”............. A partir de esta visión del cerebro surge la posibilidad de establecer una analogía con una computadora digital. Así, el cerebro reptiliano se asemeja al sistema operativo de la computadora, ubicado por el fabricante e inaccesible al usuario. Se encarga de todos los procesos internos y permite el paso de información entre las distintas partes de la máquina. Luego se incorpora un programa capaz de realizar funciones que mejoran su prestación y, finalmente, se incorpora otro programa adicional que, incluso, es capaz de comprender a los anteriores, función a la que, en el caso del hombre, puede asociarse cierto grado de conciencia.
Cada vez que se agrega un nuevo programa, debe tenerse presente su adaptación a los programas previamente existentes. Además, es posible que el cerebro reptiliano traiga funciones adaptativas que buscan nuestra supervivencia bajo un predominio de acciones competitivas. Luego, el cerebro límbico involucra acciones cooperativas, que en cierta forma se oponen a las anteriores, por lo cual es posible que aparezcan conflictos entre ambas tendencias. Finalmente, el neocórtex deberá compatibilizar “racionalmente” (o culturalmente) las distintas tendencias surgidas de los cerebros previos. Podríamos incluso suponer que el cerebro reptiliano trae incorporado un individualismo estricto contemplando la supervivencia de cada individuo, mientras que el cerebro límbico, al introducir los afectos, favorecería la supervivencia familiar. Luego, la aparición del neocórtex traería la ventaja evolutiva que apunta hacia la supervivencia de la especie, como es el caso de la humanidad.
Los autores citados escriben: “El tambaleante proceso de la evolución ha conformado un cerebro que está fragmentado y es inarmónico, y en cierto modo está compuesto de jugadores cuyos intereses compiten. Los críticos del modelo trino de MacLean han menospreciado su separación deliberada de intelecto y emoción como un romanticismo pasado de moda. No obstante, si bien los tres cerebros se diferencian en linaje y función, nadie ha discutido la autonomía neurológica”.
La visión anterior del cerebro parece ser la adecuada para la Psicología Social por cuanto permite identificar la zona del cerebro en donde se localizan las funciones que dan origen a las principales variables utilizadas por dicha rama de la ciencia experimental, tal el caso de la actitud característica de una persona con sus componentes afectivas y cognitivas; que podemos mencionar brevemente: amor, odio, egoísmo, indiferencia para las primeras y la referencia en la realidad, en uno mismo, en un líder o en lo que dice la mayoría, para las segundas.
Del distinto origen de ambos tipos de componentes podemos inferir la independencia que muestran los distintos individuos en cuanto a sus atributos éticos o afectivos, respecto de aquellos cognitivos, ya que no podemos asegurar que una persona con elevado nivel intelectual vaya a mostrar un elevado nivel ético, y viceversa.
También es posible que una de las causas principales de la disonancia cognitiva, por la cual no existe coincidencia entre lo que se piensa y lo que se hace, tenga alguna relación con el distinto origen de lo afectivo y de lo cognitivo. La coherencia que tenga un individuo seguramente provendrá luego de adoptar una postura personal, una religión o una filosofía de vida acorde a las leyes naturales que rigen nuestra conducta.
Para compatibilizar los términos utilizados hasta aquí, tales como afectos y razón (empleada en cuestiones afectivas), con la terminología usada por el neurobiólogo Antonio Damasio, podemos también denominarlos como “emoción” y “sentimiento”, respectivamente. El mencionado científico escribió al respecto: “Es cierto que el uso común del término emoción tiende a englobar la idea de sentimiento. Pero en nuestro intento por comprender la compleja cadena de acontecimientos que empieza con la emoción y termina en el sentimiento, puede ayudarnos una separación de principios entre la parte del proceso que se hace pública y la parte que permanece privada. Para los fines de mi trabajo, denomino a la primera parte emoción y a la segunda sentimiento”.
“Las emociones se representan en el teatro del cuerpo. Los sentimientos se representan en el teatro de la mente. Las emociones y el sinnúmero de reacciones asociadas que les sirven de fundamento forman parte de los mecanismos básicos de la regulación de la vida; los sentimientos contribuyen asimismo a la regulación de la vida, pero a un nivel superior. Las emociones y las reacciones relacionadas parecen preceder a los sentimientos en la historia de la vida. Las emociones y los fenómenos asociados son el fundamento de los sentimientos, los acontecimientos mentales que forman la base sólida de nuestra mente y cuya naturaleza deseamos dilucidar”.
Es oportuno mencionar el caso del animalito doméstico cuya actitud afectiva, e instintiva, predomina netamente sobre una posible respuesta cognitiva, de la cual se acepta que no posee; al menos suficientemente desarrollada. Entonces, el animalito tiene afectos (o emociones en la terminología de Damasio), pero no posee capacidad de razonamiento (o sentimientos en la terminología de Damasio).
En cuanto a la prioritaria aparición de una u otra respuesta en el hombre, Antonio Damasio escribe: “Llegados a este punto, es legitimo preguntar por qué las emociones preceden a los sentimientos. Mi respuesta es sencilla: Tenemos emociones primero y sentimientos después porque la evolución dio primero las emociones y después los sentimientos. Las emociones están constituidas a base de reacciones simples que promueven sin dificultad la supervivencia de un organismo, y de este modo pudieron persistir fácilmente en la evolución” (De “En busca de Spinoza”-Editorial Critica SL-Barcelona 2007).
La mejora ética del hombre ha de provenir finalmente del control de nuestras emociones a través de una vía racional. Antonio Damasio agrega: “Spinoza recomendaba que combatiéramos una emoción negativa con una emoción más poderosa pero positiva producida mediante el razonamiento y el esfuerzo intelectual. Para su pensamiento era fundamental la idea de que el sometimiento de las pasiones ha de conseguirse mediante la emoción inducida por la razón, y no únicamente mediante la razón pura. Esto no es en absoluto fácil de conseguir, pero Spinoza no advertía ningún mérito en lo que era fácil”.
En cuanto a la preponderancia, o no, del razonamiento sobre los afectos, tenemos un caso bastante similar a la preponderancia, o no, del Estado sobre el mercado. Así, hay quienes proponen al hombre racional como aquel que se rige estrictamente por la razón, lo que equivaldría al Estado socialista que suspende la vigencia del mercado. El control estricto anula la libertad de acción y se opone a nuestra naturaleza humana.
Por el contrario, la no intervención de la razón sobre los afectos nos llevaría a una situación similar a la anarquía política y económica, mientras que la razón, actuando como un límite para evitar que nuestras reacciones puedan perjudicar a los demás y a uno mismo, concuerda con la postura liberal que asigna al Estado el rol de fijar limites y controles al accionar individual, pero sin distorsionar ni interrumpir el proceso del mercado.
“El doctor Paul MacLean, un gran neuroanatomista evolutivo y científico investigador del Instituto de Salud Mental, ha argumentado que el cerebro humano está formado por tres subcerebros diferenciados, y que cada uno de ellos es producto de una era distinta de la historia evolutiva. El trío se entremezcla y comunica, pero en la traducción se pierde inevitablemente alguna información, porque las funciones, propiedades e incluso la química de las subunidades difieren. Este hallazgo neuroevolutivo en forma de cerebro tres-en-uno, o trino, puede ayudar a explicar cierta anarquía del amor que viene de antiguo” (De “Una teoría general del amor”-RBA Libros SA-Barcelona 2001).
El cerebro reptiliano es el más antiguo de todos y se encarga de procesos tales como la respiración y el control de los latidos del corazón y está ubicado en la capa inferior de nuestro cerebro. Los autores citados escriben: “El cerebro reptiliano, impregnado de fisiología de supervivencia, es el que sigue funcionando en una persona que está «cerebralmente muerta». Si muere el cerebro reptiliano, el resto del cuerpo lo seguirá; los otros dos cerebros son menos esenciales para la neurología encargada de mantener la vida”.
En una posterior etapa evolutiva aparece el cerebro límbico, palabra que proviene de limbus, que significa borde, margen o límite. Los citados autores escriben: “Como la estructura que (Paul Broca) descubrió señala la división evolutiva entre dos formas de vida dispares, su designación inicial demostró ser abrumadoramente adecuada”. La ventaja evolutiva de esta etapa, asociada a la aparición de los mamíferos, implicó el surgimiento del aspecto afectivo, ya que, en cierta forma, la madre cuidaba a sus hijos compartiendo su sufrimiento, algo que no ocurre en el caso de los reptiles, ya que éstos carecen de tal atributo. Se afirma que los afectos, en el ser humano, surgen en dicha zona del cerebro.
Finalmente aparece el neocórtex (o nueva corteza), asociado principalmente al proceso de la información y el razonamiento, que es la función que distingue y caracteriza a la vida inteligente. Los autores citados escriben al respecto: “Otro regalo del neocórtex es la capacidad de abstracción: todas las tareas que requieren representación simbólica, estrategia, planificación o resolución de problemas tienen su sede en el cerebro neocortical”............. A partir de esta visión del cerebro surge la posibilidad de establecer una analogía con una computadora digital. Así, el cerebro reptiliano se asemeja al sistema operativo de la computadora, ubicado por el fabricante e inaccesible al usuario. Se encarga de todos los procesos internos y permite el paso de información entre las distintas partes de la máquina. Luego se incorpora un programa capaz de realizar funciones que mejoran su prestación y, finalmente, se incorpora otro programa adicional que, incluso, es capaz de comprender a los anteriores, función a la que, en el caso del hombre, puede asociarse cierto grado de conciencia.
Cada vez que se agrega un nuevo programa, debe tenerse presente su adaptación a los programas previamente existentes. Además, es posible que el cerebro reptiliano traiga funciones adaptativas que buscan nuestra supervivencia bajo un predominio de acciones competitivas. Luego, el cerebro límbico involucra acciones cooperativas, que en cierta forma se oponen a las anteriores, por lo cual es posible que aparezcan conflictos entre ambas tendencias. Finalmente, el neocórtex deberá compatibilizar “racionalmente” (o culturalmente) las distintas tendencias surgidas de los cerebros previos. Podríamos incluso suponer que el cerebro reptiliano trae incorporado un individualismo estricto contemplando la supervivencia de cada individuo, mientras que el cerebro límbico, al introducir los afectos, favorecería la supervivencia familiar. Luego, la aparición del neocórtex traería la ventaja evolutiva que apunta hacia la supervivencia de la especie, como es el caso de la humanidad.
Los autores citados escriben: “El tambaleante proceso de la evolución ha conformado un cerebro que está fragmentado y es inarmónico, y en cierto modo está compuesto de jugadores cuyos intereses compiten. Los críticos del modelo trino de MacLean han menospreciado su separación deliberada de intelecto y emoción como un romanticismo pasado de moda. No obstante, si bien los tres cerebros se diferencian en linaje y función, nadie ha discutido la autonomía neurológica”.
La visión anterior del cerebro parece ser la adecuada para la Psicología Social por cuanto permite identificar la zona del cerebro en donde se localizan las funciones que dan origen a las principales variables utilizadas por dicha rama de la ciencia experimental, tal el caso de la actitud característica de una persona con sus componentes afectivas y cognitivas; que podemos mencionar brevemente: amor, odio, egoísmo, indiferencia para las primeras y la referencia en la realidad, en uno mismo, en un líder o en lo que dice la mayoría, para las segundas.
Del distinto origen de ambos tipos de componentes podemos inferir la independencia que muestran los distintos individuos en cuanto a sus atributos éticos o afectivos, respecto de aquellos cognitivos, ya que no podemos asegurar que una persona con elevado nivel intelectual vaya a mostrar un elevado nivel ético, y viceversa.
También es posible que una de las causas principales de la disonancia cognitiva, por la cual no existe coincidencia entre lo que se piensa y lo que se hace, tenga alguna relación con el distinto origen de lo afectivo y de lo cognitivo. La coherencia que tenga un individuo seguramente provendrá luego de adoptar una postura personal, una religión o una filosofía de vida acorde a las leyes naturales que rigen nuestra conducta.
Para compatibilizar los términos utilizados hasta aquí, tales como afectos y razón (empleada en cuestiones afectivas), con la terminología usada por el neurobiólogo Antonio Damasio, podemos también denominarlos como “emoción” y “sentimiento”, respectivamente. El mencionado científico escribió al respecto: “Es cierto que el uso común del término emoción tiende a englobar la idea de sentimiento. Pero en nuestro intento por comprender la compleja cadena de acontecimientos que empieza con la emoción y termina en el sentimiento, puede ayudarnos una separación de principios entre la parte del proceso que se hace pública y la parte que permanece privada. Para los fines de mi trabajo, denomino a la primera parte emoción y a la segunda sentimiento”.
“Las emociones se representan en el teatro del cuerpo. Los sentimientos se representan en el teatro de la mente. Las emociones y el sinnúmero de reacciones asociadas que les sirven de fundamento forman parte de los mecanismos básicos de la regulación de la vida; los sentimientos contribuyen asimismo a la regulación de la vida, pero a un nivel superior. Las emociones y las reacciones relacionadas parecen preceder a los sentimientos en la historia de la vida. Las emociones y los fenómenos asociados son el fundamento de los sentimientos, los acontecimientos mentales que forman la base sólida de nuestra mente y cuya naturaleza deseamos dilucidar”.
Es oportuno mencionar el caso del animalito doméstico cuya actitud afectiva, e instintiva, predomina netamente sobre una posible respuesta cognitiva, de la cual se acepta que no posee; al menos suficientemente desarrollada. Entonces, el animalito tiene afectos (o emociones en la terminología de Damasio), pero no posee capacidad de razonamiento (o sentimientos en la terminología de Damasio).
En cuanto a la prioritaria aparición de una u otra respuesta en el hombre, Antonio Damasio escribe: “Llegados a este punto, es legitimo preguntar por qué las emociones preceden a los sentimientos. Mi respuesta es sencilla: Tenemos emociones primero y sentimientos después porque la evolución dio primero las emociones y después los sentimientos. Las emociones están constituidas a base de reacciones simples que promueven sin dificultad la supervivencia de un organismo, y de este modo pudieron persistir fácilmente en la evolución” (De “En busca de Spinoza”-Editorial Critica SL-Barcelona 2007).
La mejora ética del hombre ha de provenir finalmente del control de nuestras emociones a través de una vía racional. Antonio Damasio agrega: “Spinoza recomendaba que combatiéramos una emoción negativa con una emoción más poderosa pero positiva producida mediante el razonamiento y el esfuerzo intelectual. Para su pensamiento era fundamental la idea de que el sometimiento de las pasiones ha de conseguirse mediante la emoción inducida por la razón, y no únicamente mediante la razón pura. Esto no es en absoluto fácil de conseguir, pero Spinoza no advertía ningún mérito en lo que era fácil”.
En cuanto a la preponderancia, o no, del razonamiento sobre los afectos, tenemos un caso bastante similar a la preponderancia, o no, del Estado sobre el mercado. Así, hay quienes proponen al hombre racional como aquel que se rige estrictamente por la razón, lo que equivaldría al Estado socialista que suspende la vigencia del mercado. El control estricto anula la libertad de acción y se opone a nuestra naturaleza humana.
Por el contrario, la no intervención de la razón sobre los afectos nos llevaría a una situación similar a la anarquía política y económica, mientras que la razón, actuando como un límite para evitar que nuestras reacciones puedan perjudicar a los demás y a uno mismo, concuerda con la postura liberal que asigna al Estado el rol de fijar limites y controles al accionar individual, pero sin distorsionar ni interrumpir el proceso del mercado.
lunes, 19 de julio de 2010
Ideología de adaptación
1 - Perspectivas
Cada ser humano ocupa un lugar desde el cual puede observar la realidad bajo su particular perspectiva. Estamos ubicados en un edificio imaginario desde donde contemplamos, cada cual detrás de su propia ventana, una parte del paisaje. Aunque tales puntos de vista son algo diferentes, deberán ser compatibles y complementarios ya que describen una realidad única.
Para que haya un principio de acuerdo entre las diversas opiniones, es necesario encontrar alguna referencia objetiva, común a todos, que permita valorar los distintos puntos de vista. En nuestra época, caracterizada por el avance científico, resulta conveniente adoptar a las propias leyes naturales, que rigen todo lo existente, como la referencia que permitirá lograr acuerdos. Además, es la forma de tener presente al Creador, o a la naturaleza, cuyos criterios, implícitos en dichas leyes, son de primordial importancia.
Teniendo presentes los aspectos básicos del comportamiento humano como así también los interrogantes que se presentan a nuestro intelecto cotidianamente, existe una diferencia esencial en cuanto a la procedencia de las descripciones establecidas, ya que pueden provenir tanto desde la ciencia, como de la filosofía o de la religión. Incluso encontraremos opiniones divergentes dentro de cada rama de la ciencia como así también en cada una de las religiones y en cada tendencia filosófica.
De todos los puntos de vista posibles, habrá alguno mejor que los demás en cuanto a la posibilidad de dar respuestas concretas a los grandes interrogantes humanos. De ahí que, si buscamos las ideas básicas que habremos de llevar depositadas en nuestra memoria, para que nos permitan adaptarnos al orden natural, deberemos encontrar el punto de vista adecuado a ese propósito.
2 - Ideas básicas
Si las acciones humanas dependen principalmente de la información que llevamos depositada en nuestra memoria, ello implica que todo mejoramiento individual y social provendrán finalmente de la adquisición de conocimiento organizado en una ideología breve y concisa que actuará como punto de partida en todo razonamiento de tipo deductivo. En este caso, a “ideología” se le ha dado el significado de “conjunto de ideas” coherente y compatible con la realidad.
Debido a que la Psicología Social es la rama de la ciencia experimental que describe los efectos (acciones) que son consecuencias de ciertas creencias, o de cierto conocimiento adquirido, podrá constituirse en el punto de vista óptimo que nos permitirá establecer la ideología antes mencionada. Para ello partiremos de dos premisas básicas:
a) Las acciones humanas dependen principalmente de la información que llevamos depositada en nuestra memoria.
Esta información puede provenir tanto de nuestra herencia genética como de la influencia social recibida. Aun cuando la influencia recibida no sea la causa exclusiva de nuestras acciones, sino la causa principal, será el aspecto que resulta accesible a nuestras decisiones en cuanto a un posible mejoramiento. Siddharta Gautama (Buda) expresó: “Somos lo que pensamos. Todo lo que somos se debe a nuestro pensamiento. Con ellos elaboramos el mundo”.
b) Para una óptima adaptación al orden natural, es imprescindible disponer de información verdadera respecto de aquél.
Ello implica que, aunque a veces pueda parecer beneficioso basarse en creencias y en tradiciones aceptadas por la mayoría de las personas, tales creencias pueden ser incompatibles con la ley natural, por lo que, a la larga, será beneficioso disponer de información que se ajuste estrictamente a la realidad.
Uno de los aspectos importantes en el comportamiento social del hombre es la existencia de una mentalidad generalizada de la sociedad. En realidad, no existe algo concreto que pueda denominarse de esa manera, si bien la influencia mutua entre seres humanos produce efectos que pueden describirse aceptablemente como si existiese dicha mentalidad. Ya que poseemos memoria, gran parte de la información que recibimos desde el medio social quedará grabada tanto en un nivel consciente o como en uno subconsciente.
Es indudable que existen personas más influyentes que otras, y personas más influenciables que otras, por lo que se produce inevitablemente el fenómeno de la inducción de la personalidad, que producirá buenos o malos resultados según quienes sean las personas que participan en el proceso.
Cuando se habla del nivel cultural de un pueblo, en cierta forma se hace referencia a la mentalidad generalizada predominante en esa sociedad, mientras que el mejoramiento de un pueblo significa el mejoramiento de dicha mentalidad predominante.
El cambio favorable que se deberá producir en cualquier individuo, de cualquier época, ha de ser la adquisición de mayor y de mejor cantidad de información sobre el mundo real, incluida aquella referida a nosotros mismos. Sin embargo, existirá una gran oposición a toda mejora debido a que no es la búsqueda de la verdad lo que promueve el accionar de muchas personas, sino el triunfo circunstancial de ideas personales o sectoriales.
3 – Ciencia experimental
Mientras que en épocas pasadas existió la necesidad de compatibilizar la religión con la filosofía, en la búsqueda de una verdad única, en vez de suponer la existencia de “dos verdades distintas”, en la actualidad es necesario compatibilizar la ciencia experimental con la religión y con la filosofía, buscando esa verdad.
Así como se sugieren, desde la religión y desde la filosofía, normas de conducta derivadas de tales visiones de la realidad, desde la Psicología Social deberán establecerse ciertas ideas, basadas en evidencias observables, capaces de orientar al individuo en la búsqueda de un adecuado sentido de la vida.
De ahí que la compatibilidad entre ciencia, religión y filosofía habrá de establecerse principalmente entre la Psicología Social con algún sector de la religión y con algún sector de la filosofía.
Esta compatibilidad parcial no es más que una consecuencia necesaria de suponer la existencia de una verdad única, ya que todo lo existente está regido por leyes naturales invariantes y objetivas que determinan el grado de aproximación de todas y de cada una de las descripciones parciales establecidas por el hombre.
La ciencia tiene como objetivo describir leyes naturales, como relaciones permanentes entre causas y efectos. Se supone que cada parte del universo está regida por tales leyes invariantes, mientras que las descripciones que de las leyes realizamos, cambian con el tiempo debido a un paulatino acercamiento a la ley natural propiamente dicha.
Si bien la sociedad y nuestro mundo cambian con el paso del tiempo, las leyes subyacentes a ese cambio son invariantes. Así como la creatividad de los ajedrecistas les permite encontrar una enorme variedad de partidas, mientras que las reglas de dicho juego no cambian, la evolución de la ciencia y del pensamiento humano es permitida por la existencia de leyes que no cambian en el tiempo.
Lo esencial del método científico radica en la actitud con que se busca la verdad y en la necesidad de poseerla. Se trata de llegar a la misma mediante un conocimiento verificado que resulte accesible a la observación y que pueda ser compartido con cualquier individuo. Si no se logra dicha verificación experimental, tal conocimiento quedará marginado de la ciencia (sin que por ello vaya a ser falso necesariamente).
Esta actitud difiere esencialmente de la predominante en filosofía y en religión, en donde coexisten opuestas y contradictorias versiones sobre un mismo aspecto de la realidad. En nuestros días ya no resultan suficientes la coherencia lógica o la fe personal, ya que debemos llegar a fundamentar el conocimiento en aspectos observables, como se dijo antes.
4 – Empatía
Unos de los atributos esenciales del comportamiento humano lo constituye la empatía, que es un proceso biológico observado tanto en hombres como en animales. Se entiende por empatía la capacidad de ubicarnos imaginariamente en el lugar de otra persona para sentir aproximadamente lo que esa persona siente.
Este proceso involucra la capacidad para compartir sufrimiento ajeno como también para compartir su alegría. Ello implica que no tendremos la predisposición a hacerle mal a quien, luego, sufrirá y nos “contagiará” su pesar, mientras que tendremos la predisposición a beneficiar a alguien de quien luego compartiremos su alegría. El vínculo afectivo entre madre e hijo ilustra perfectamente la situación. La madre busca, en realidad, la felicidad del hijo sin pensar tanto en la propia.
Este proceso, de tipo cooperativo, es algo inherente a nuestra naturaleza y resulta ser una ventaja evolutiva para nuestra supervivencia.
Existe, además, lo que podríamos denominar “empatía negativa” y es la que transforma el sufrimiento ajeno en alegría propia y la alegría ajena en sufrimiento propio. Esta tendencia, de tipo competitivo, nos induce a perjudicar a los demás y, en lo posible, a no beneficiarlos.
La tendencia a la competencia favorecerá nuestra supervivencia sólo en el caso en que se compita con un mismo, con afán de superación o bien tratando de ser superior a los demás mostrando una mayor empatía positiva.
El descubrimiento de las neuronas espejo ha permitido vislumbrar el fundamento neurológico del proceso mencionado, es decir, de la empatía. Se ha verificado, desde hace unas décadas atrás, que ciertos animales activan una parte de sus neuronas cerebrales cuando realizan cierta acción y también cuando una acción similar es realizada por otro animal, o por algún hombre. Las neuronas espejo permiten, por lo tanto, reproducir ciertos estados anímicos de otros individuos brindando una base neurológica observable para el proceso de la empatía. Peggy Mason escribió: “¿Cómo puede el cerebro conseguir la empatía? La respuesta más verosímil está en las neuronas espejo, células del cerebro que se activan cuando se observa a otro individuo, animal o persona, que realiza una tarea o sufre un dolor” (De “Mente y cerebro” Set/Oct 2009)
La conciencia moral está muy ligada a la empatía, ya que podemos conocer suficientemente los efectos de nuestras acciones a partir de la posibilidad de sentir cercanamente lo que otra persona siente.
5 – Actitud
Existe en cada individuo una respuesta característica por la cual responde de igual manera en iguales circunstancias, al menos en alguna etapa de su vida. Debido a esta actitud característica es posible conocer a las personas. De lo contrario sería imposible prever posibles comportamientos y la imprevisión total sería lo cotidiano. Este aspecto del comportamiento humano es empleado por la Psicología Social de manera preponderante. Podemos definirla con cierta precisión:
Actitud característica = Respuesta / Estímulo
De ahí que podremos prever una posible respuesta ante cierto estímulo conociendo la actitud predominante en un individuo:
Respuesta = Actitud característica x Estímulo
Podemos describir la mayor parte de las actitudes teniendo presente el mencionado proceso de la empatía, además de agruparlas según que tales actitudes favorezcan la cooperación o bien la competencia.
Cooperación: Amor (compartir las penas y las alegrías ajenas)
Competencia: Odio (sentir alegría ante el sufrimiento ajeno) (burla como expresión) y (sufrir ante la alegría ajena) (envidia). Egoísmo (interesarnos sólo por cada uno de nosotros mismos)
Otra actitud: Negligencia (desinterés por lo que le ocurre a los demás e incluso a uno mismo)
Estas actitudes básicas no existen, en cada persona, con total exclusión de las demás, sino que coexisten en distintas proporciones. Además, las actitudes no son fijas o invariables en el tiempo, ya que es posible mejorarlas (o incluso empeorarlas) bajo la influencia del medio social.
6 – Escala natural de valores
Teniendo presente las actitudes que favorecen la cooperación, tendremos en el primer lugar de la escala al hombre (y los mamíferos en general) que están provistos de la capacidad de la empatía. Este atributo les permitirá compartir el sufrimiento de sus semejantes, incluso de otros seres vivos que estén en su medio social.
En segundo lugar, en un orden descendente, tendremos a los reptiles, que no poseen la capacidad mencionada. Así, una víbora no siente sufrimiento alguno cuando algo malo le sucede a su propia cría. También el hombre egoísta carece de la predisposición a compartir el sufrimiento ajeno, aun cuando posea empatía.
En tercer lugar aparece la “empatía negativa” existente sólo en el ser humano (al menos en cuanto conoce el autor). Esta empatía negativa es la que permite cambiar sufrimiento ajeno por alegría propia y alegría ajena por sufrimiento propio, siendo la burla y la envidia los síntomas asociados a esta actitud.
Nótese que, mediante la envidia, el hombre se inflinge un castigo a sí mismo, cercano e inmediato. Pareciera que es el castigo que corresponde como consecuencia de haberse alegrado del mal ajeno en otras circunstancias. Este es un indicio de la existencia de cierta justicia natural que hace innecesaria, muchas veces, la justicia del hombre. El sufrimiento, en general, puede considerarse como una medida de nuestro grado de desadaptación al orden natural.
El conocimiento de estos aspectos básicos de la naturaleza humana actuará como base para un simple proceso de introspección que posiblemente facilitará la mejora ética del individuo.
La dignidad del hombre está asociada al predominio de la actitud que le permite compartir el sufrimiento ajeno, por lo que la felicidad la establecerá por medio de la búsqueda de satisfacciones morales.
El egoísta, por otra parte, al carecer de dignidad suficiente, preferirá ser considerado un corrupto, antes que pagar sus deudas, optando por la ventaja material o económica correspondiente a ese incumplimiento.
El hipócrita reconoce los méritos de quien posee dignidad, aunque opta por renunciar a ella, mientras que el cínico desconoce todo tipo de valores éticos y poco le importan las opiniones que de su persona podrán tener los demás.
7 – Ética natural
A partir del punto de vista adoptado, es posible establecer una ética que viene implícita en las leyes naturales que rigen nuestro comportamiento.
La ética describe el comportamiento humano en base a los dos efectos extremos del Bien y del Mal. Por ello es posible asociar el Bien al amor, mientras que al Mal se lo asocia al odio, al egoísmo y a la negligencia. El Bien responde a la cooperación mientras que el Mal responde a la competencia o bien al desinterés por los demás.
Teniendo presente las cuatro actitudes básicas del hombre, puede observarse la existencia de una ética natural y objetiva, ya que los efectos causados por las distintas actitudes serán similares en los distintos pueblos y en las distintas épocas.
El comportamiento ético del hombre no dependerá solamente de la existencia predominante de la actitud cooperativa, sino también del conocimiento de los efectos que cada una de nuestras acciones producirá en los demás. Tanto los sentimientos ajenos como el conocimiento que de ellos tenemos están ligados directamente con el proceso de la empatía.
El hombre busca la felicidad tratando de buscar placer y comodidades para su bienestar corporal, o bien buscando conocimientos para su bienestar intelectual, o bien buscando satisfacciones morales que derivan de su actitud cooperativa hacia los demás, o bien buscando todos ellos en forma conjunta. Logrará, de esa forma, distintos grados de felicidad.
La ética cooperativa sirve para construir una personalidad acorde a los lineamientos implícitos en la ley natural, mientras que el relativismo moral, que niega la validez objetiva de toda ética, impedirá ese logro. Si no admitimos la existencia del Bien y de la Verdad, tampoco los buscaremos.
8 – Libertad e igualdad
Ciertos objetivos prioritarios como la libertad y la igualdad dividen a gran parte de la intelectualidad. Es oportuno vincular estos objetivos a las actitudes básicas en el hombre para lograr una aceptable descripción de este aspecto del pensamiento social.
Quienes tengan suficiente confianza en ellos mismos, incluso en la propia naturaleza humana, sostendrán que la libertad es la condición propicia para el éxito del individuo y de la sociedad. Éste vendría a ser el requisito básico del liberalismo, tanto en lo político como en lo económico.
Quienes, por otra parte, dudan de sus propias capacidades, incluso de la propia naturaleza humana, sostendrán que la igualdad social es la condición propicia para el éxito del individuo y de la sociedad. Este vendría a ser el criterio básico de las posturas socialistas.
Es interesante tener presente que, muchas veces, no se busca la igualdad por la incomodidad material que la pobreza significa, sino por el hecho de que otros tengan mejores medios. Mientras que el liberalismo acepta la “desigualdad en la riqueza”, el socialismo acepta la “igualdad en la pobreza”.
La oposición entre libertad e igualdad implica otra oposición no menos importante, que es la existente entre individuo y colectividad. Mientras que el liberalismo parte de objetivos sociales que permitan a todo individuo lograr en aceptable grado de felicidad, las tendencias colectivistas buscan prioritariamente el éxito del grupo social incluso proponiendo que el individuo renuncié a todo interés personal e incluso llegue a sacrificarse por la sociedad (o el Estado, o por quienes lo dirigen).
Es oportuno mencionar que las más grandes catástrofes sociales ocurridas en la historia han sido promovidas por las tendencias colectivistas (nazismo y comunismo), por lo que resulta llamativo que todavía existan quienes las promuevan.
Tales tendencias de libertad e igualdad no serán contradictorias cuando consideramos como objetivo adaptarnos a la ley natural (logrando libertad) y compartiendo las alegrías y el sufrimiento del prójimo (logrando igualdad).
9 - Educación
Debido a la creciente influencia de quienes persiguen la igualdad, en todos los aspectos de la vida social, en los medios educativos se tiende a no reconocer los méritos de los mejores. Con ello tiende a reducirse el nivel general de la educación. Se trata de evitar actitudes competitivas en los “ganadores” en lugar de persuadir, además, a los “perdedores” para que dejen de ser tan competitivos y permitan a los mejores desempeñarse según la capacidad natural que poseen.
La educación debe estar orientada a promover nuestros deberes, tratando de que seamos capaces de compartir el sufrimiento ajeno. Por el contrario, cuando está orientada a que seamos exigentes en cuanto al respeto de nuestros derechos, esperamos que sean los demás quienes compartirán nuestro propio sufrimiento. De esta forma, se está promoviendo el caso extremo del “noble déspota”, exigente por el respeto de sus derechos y poco proclive por el cumplimento de sus deberes (los derechos ajenos).
10 – Religión
De tener validez lo expresado antes, el mandamiento cristiano del amor al prójimo podrá expresarse como: “Comparte las penas y las alegrías ajenas como si fuesen propias”. Con ello se está sugiriendo una actitud concreta a adoptar.
La actitud cooperativa es esencialmente una actitud igualitaria, por cuanto la palabra “prójimo” implica todo ser humano, sin excepción. Puede decirse que lo novedoso del cristianismo radica en la ampliación de los destinatarios de nuestra empatía, ya que propone trascender el ámbito familiar para llegar al ámbito social. De esa forma puede materializarse la diferencia esencial que debe existir entre el hombre y los demás seres vivientes, algo que todavía no ha podido concretarse, al menos en una forma generalizada.
Podemos decir que la ética cristiana tiene un fundamento simple, observable e incluso fundamentado en aspectos básicos de nuestra conducta. El cumplimento de dicho mandamiento vendrá a ser una especie de “requisito de calidad personal” que debemos tratar de respetar.
Sin embargo, es común observar que tal mandamiento ha sido reemplazado por el mérito aparente de adoptar una postura filosófica respecto de cómo funciona el mundo real. Se considera meritorio creer en un Dios que actúa sobre el mundo, mientras que se descalifica a quien piense que el mundo puede funcionar de otra manera.
Hemos visto que desde la Psicología Social se pudo establecer una ética natural cercana a la ética cristiana, por lo que también podría interpretarse al cristianismo como una religión natural; algo más simple de aceptar que la religión tradicional o revelada.
La identidad entre ambos tipos de religión puede vislumbrarse asociando al propio Creador una posible actitud característica. Si imaginamos que responde de igual manera en iguales circunstancias, se trataría de una misma postura. Si, en cambio, respondiera de distinta manera, especialmente ante los pedidos realizados por los seres humanos, estamos ante los lineamientos básicos de la religión pagana, desvinculada de las leyes naturales. Este tipo de religión considera que el premio o el castigo a nuestras acciones ya no dependerán de nuestra actitud ética, sino de las arbitrarias decisiones del Creador.
11 – Política
Es deseable que exista el gobierno de la ley natural sobre el hombre en lugar del gobierno del hombre sobre el hombre, lo que implica casi siempre cierto tipo de esclavitud. Si cada hombre tiene el propósito de lograr una actitud cooperativa, puede decirse que trata de admitir el gobierno de la ley natural sobre su persona, lo que se conoce como el “gobierno de Dios” (o el Reino de Dios) en la religión cristiana.
La política debería contemplar la generalización de este tipo de gobierno, mientras que, cuando los políticos se proponen dominar al Estado como paso previo al gobierno material y mental de todo individuo, se cae en situaciones desagradables para el ciudadano común.
La búsqueda de la ciencia política ha sido, desde bastante tiempo atrás, la de restringir el poder personal de los gobernantes para evitar que se caiga en el dominio personal antes mencionado. De ahí que los sistemas democráticos son los que mejor cumplen con esta función.
Debe decirse que la democracia no sólo implica la libre elección de autoridades en forma periódica, sino el respeto riguroso de las leyes que limitan los poderes de quienes dirigen al Estado.
Quienes se oponen a la democracia son los sistemas colectivistas (fascismo, nazismo, marxismo) que fingen adoptar posturas democráticas tan sólo para acceder al poder, aunque luego adoptan posturas netamente totalitarias, incluso optando por el partido político único.
Es propio de los colectivistas la difamación de los sectores opositores y la discriminación promovida; discriminación racial en el caso de los nazis y discriminación social en el caso del marxismo. Mientras que para el nazi resultan ser los judíos los culpables de los grandes males de la humanidad, para el marxista resulta ser el empresariado (la burguesía), por lo que no es de extrañar que estas ideologías favorecieron el asesinato de decenas de millones de seres humanos.
De dudosos fundamentos, ya sean experimentales o racionales, resultan ser casi como nuevas religiones, pero religiones del odio y la discriminación hacia importantes sectores de la sociedad y de la humanidad.
12 – Economía
Luego de la aceptación de las ventajas inherentes a la división, o especialización, del trabajo, le sigue el posterior intercambio en el mercado. Este proceso autorregulado ha resultado ser el más eficaz, si bien requiere de la sociedad una adaptación al mismo, y que consiste, entre otros aspectos, en la aceptación de la ética natural de la cual antes se habló. Podemos sintetizar esta idea:
Economía de mercado = Trabajo + Ahorro productivo + Ética natural
La ciencia económica describe el comportamiento del mercado y de las formas adecuadas de adaptarse al mismo. Sin embargo, existen otras posturas que proponen una economía planificada desde el Estado, incluso con la exclusión de la propiedad privada de los medios de producción (socialismo).
El sólo hecho de estatizar, o nacionalizar, los medios de producción, puede llevar a la sociedad al Estado totalitario, con la evidente pérdida de la libertad individual.
Es oportuno mencionar el caso del marxismo, el cual niega la validez de la religión, de la ética objetiva y de la democracia (o sus objetivos), mientras que también niega la validez de la ciencia económica y del mercado como sistema autorregulado.
Es evidente que si la religión, la política y la economía actuales, no funcionan como todos esperamos, debemos tratar de mejorarlas en lugar de tratar de destruirlas imponiendo criterios de validez sectorial alejados de las evidentes y cercanas leyes naturales que rigen la conducta de los hombres.
Existen causas culturales que favorecen, o bien retrasan, el desarrollo económico y social de los pueblos. Uno de los aspectos notables en algunos países subdesarrollados radica en la discriminación social hacia el empresario; justamente quien es el principal factor del funcionamiento de la economía. Se piensa, en tales países, que el capitalismo es malo, por lo cual existe una importante evasión de capitales desde esos países hacia los más desarrollados. Luego se protesta airadamente contra la “dependencia económica” que en realidad se favoreció ante tales creencias.
La legitimación del marxismo se basa en el supuesto de que el empresario privado es “malo y egoísta por naturaleza”, mientras que el marxista, dirigiendo la economía y la vida de todo individuo, es “bueno por naturaleza” y por ello resultará el mejor gobernante. El capitalismo estatal (socialismo) acentúa todos los errores atribuidos al capitalismo privado.
13 – Sentido de la vida
La felicidad del hombre está ligada a la existencia de un sentido de la vida. Cuando nuestras acciones se orientan a la realización de metas previamente establecidas, decimos que tienen un sentido. La ausencia de objetivos lleva implícita la falta de acciones a ellas asociadas.
Es importante saber si, además del sentido de la vida adoptado por cada hombre, existe un sentido de la vida general impuesto por el propio orden natural. La existencia de la empatía y de las actitudes básicas del hombre, vislumbran la existencia de ese sentido y nos imponen la necesidad de establecer elecciones, ya sea que optemos por cooperar con los demás o bien por competir con los demás (con diferentes resultados como la felicidad o el sufrimiento, respectivamente).
El comportamiento ético del hombre no sólo será favorecido por el conocimiento de las leyes básicas que rigen nuestra conducta, sino también por la evidencia de que existe un orden natural que nos presiona a vivir de cierta manera y nos prohíbe, mediante el sufrimiento, a vivir de otras formas.
Podemos decir que el mundo funciona de tal manera que tiene una finalidad aparente y que esa finalidad incluye al hombre. Nuestra misión en el mundo consiste en descubrir el espíritu de la ley natural para adaptarnos a ella.
Pompilio Zigrino
Cada ser humano ocupa un lugar desde el cual puede observar la realidad bajo su particular perspectiva. Estamos ubicados en un edificio imaginario desde donde contemplamos, cada cual detrás de su propia ventana, una parte del paisaje. Aunque tales puntos de vista son algo diferentes, deberán ser compatibles y complementarios ya que describen una realidad única.
Para que haya un principio de acuerdo entre las diversas opiniones, es necesario encontrar alguna referencia objetiva, común a todos, que permita valorar los distintos puntos de vista. En nuestra época, caracterizada por el avance científico, resulta conveniente adoptar a las propias leyes naturales, que rigen todo lo existente, como la referencia que permitirá lograr acuerdos. Además, es la forma de tener presente al Creador, o a la naturaleza, cuyos criterios, implícitos en dichas leyes, son de primordial importancia.
Teniendo presentes los aspectos básicos del comportamiento humano como así también los interrogantes que se presentan a nuestro intelecto cotidianamente, existe una diferencia esencial en cuanto a la procedencia de las descripciones establecidas, ya que pueden provenir tanto desde la ciencia, como de la filosofía o de la religión. Incluso encontraremos opiniones divergentes dentro de cada rama de la ciencia como así también en cada una de las religiones y en cada tendencia filosófica.
De todos los puntos de vista posibles, habrá alguno mejor que los demás en cuanto a la posibilidad de dar respuestas concretas a los grandes interrogantes humanos. De ahí que, si buscamos las ideas básicas que habremos de llevar depositadas en nuestra memoria, para que nos permitan adaptarnos al orden natural, deberemos encontrar el punto de vista adecuado a ese propósito.
2 - Ideas básicas
Si las acciones humanas dependen principalmente de la información que llevamos depositada en nuestra memoria, ello implica que todo mejoramiento individual y social provendrán finalmente de la adquisición de conocimiento organizado en una ideología breve y concisa que actuará como punto de partida en todo razonamiento de tipo deductivo. En este caso, a “ideología” se le ha dado el significado de “conjunto de ideas” coherente y compatible con la realidad.
Debido a que la Psicología Social es la rama de la ciencia experimental que describe los efectos (acciones) que son consecuencias de ciertas creencias, o de cierto conocimiento adquirido, podrá constituirse en el punto de vista óptimo que nos permitirá establecer la ideología antes mencionada. Para ello partiremos de dos premisas básicas:
a) Las acciones humanas dependen principalmente de la información que llevamos depositada en nuestra memoria.
Esta información puede provenir tanto de nuestra herencia genética como de la influencia social recibida. Aun cuando la influencia recibida no sea la causa exclusiva de nuestras acciones, sino la causa principal, será el aspecto que resulta accesible a nuestras decisiones en cuanto a un posible mejoramiento. Siddharta Gautama (Buda) expresó: “Somos lo que pensamos. Todo lo que somos se debe a nuestro pensamiento. Con ellos elaboramos el mundo”.
b) Para una óptima adaptación al orden natural, es imprescindible disponer de información verdadera respecto de aquél.
Ello implica que, aunque a veces pueda parecer beneficioso basarse en creencias y en tradiciones aceptadas por la mayoría de las personas, tales creencias pueden ser incompatibles con la ley natural, por lo que, a la larga, será beneficioso disponer de información que se ajuste estrictamente a la realidad.
Uno de los aspectos importantes en el comportamiento social del hombre es la existencia de una mentalidad generalizada de la sociedad. En realidad, no existe algo concreto que pueda denominarse de esa manera, si bien la influencia mutua entre seres humanos produce efectos que pueden describirse aceptablemente como si existiese dicha mentalidad. Ya que poseemos memoria, gran parte de la información que recibimos desde el medio social quedará grabada tanto en un nivel consciente o como en uno subconsciente.
Es indudable que existen personas más influyentes que otras, y personas más influenciables que otras, por lo que se produce inevitablemente el fenómeno de la inducción de la personalidad, que producirá buenos o malos resultados según quienes sean las personas que participan en el proceso.
Cuando se habla del nivel cultural de un pueblo, en cierta forma se hace referencia a la mentalidad generalizada predominante en esa sociedad, mientras que el mejoramiento de un pueblo significa el mejoramiento de dicha mentalidad predominante.
El cambio favorable que se deberá producir en cualquier individuo, de cualquier época, ha de ser la adquisición de mayor y de mejor cantidad de información sobre el mundo real, incluida aquella referida a nosotros mismos. Sin embargo, existirá una gran oposición a toda mejora debido a que no es la búsqueda de la verdad lo que promueve el accionar de muchas personas, sino el triunfo circunstancial de ideas personales o sectoriales.
3 – Ciencia experimental
Mientras que en épocas pasadas existió la necesidad de compatibilizar la religión con la filosofía, en la búsqueda de una verdad única, en vez de suponer la existencia de “dos verdades distintas”, en la actualidad es necesario compatibilizar la ciencia experimental con la religión y con la filosofía, buscando esa verdad.
Así como se sugieren, desde la religión y desde la filosofía, normas de conducta derivadas de tales visiones de la realidad, desde la Psicología Social deberán establecerse ciertas ideas, basadas en evidencias observables, capaces de orientar al individuo en la búsqueda de un adecuado sentido de la vida.
De ahí que la compatibilidad entre ciencia, religión y filosofía habrá de establecerse principalmente entre la Psicología Social con algún sector de la religión y con algún sector de la filosofía.
Esta compatibilidad parcial no es más que una consecuencia necesaria de suponer la existencia de una verdad única, ya que todo lo existente está regido por leyes naturales invariantes y objetivas que determinan el grado de aproximación de todas y de cada una de las descripciones parciales establecidas por el hombre.
La ciencia tiene como objetivo describir leyes naturales, como relaciones permanentes entre causas y efectos. Se supone que cada parte del universo está regida por tales leyes invariantes, mientras que las descripciones que de las leyes realizamos, cambian con el tiempo debido a un paulatino acercamiento a la ley natural propiamente dicha.
Si bien la sociedad y nuestro mundo cambian con el paso del tiempo, las leyes subyacentes a ese cambio son invariantes. Así como la creatividad de los ajedrecistas les permite encontrar una enorme variedad de partidas, mientras que las reglas de dicho juego no cambian, la evolución de la ciencia y del pensamiento humano es permitida por la existencia de leyes que no cambian en el tiempo.
Lo esencial del método científico radica en la actitud con que se busca la verdad y en la necesidad de poseerla. Se trata de llegar a la misma mediante un conocimiento verificado que resulte accesible a la observación y que pueda ser compartido con cualquier individuo. Si no se logra dicha verificación experimental, tal conocimiento quedará marginado de la ciencia (sin que por ello vaya a ser falso necesariamente).
Esta actitud difiere esencialmente de la predominante en filosofía y en religión, en donde coexisten opuestas y contradictorias versiones sobre un mismo aspecto de la realidad. En nuestros días ya no resultan suficientes la coherencia lógica o la fe personal, ya que debemos llegar a fundamentar el conocimiento en aspectos observables, como se dijo antes.
4 – Empatía
Unos de los atributos esenciales del comportamiento humano lo constituye la empatía, que es un proceso biológico observado tanto en hombres como en animales. Se entiende por empatía la capacidad de ubicarnos imaginariamente en el lugar de otra persona para sentir aproximadamente lo que esa persona siente.
Este proceso involucra la capacidad para compartir sufrimiento ajeno como también para compartir su alegría. Ello implica que no tendremos la predisposición a hacerle mal a quien, luego, sufrirá y nos “contagiará” su pesar, mientras que tendremos la predisposición a beneficiar a alguien de quien luego compartiremos su alegría. El vínculo afectivo entre madre e hijo ilustra perfectamente la situación. La madre busca, en realidad, la felicidad del hijo sin pensar tanto en la propia.
Este proceso, de tipo cooperativo, es algo inherente a nuestra naturaleza y resulta ser una ventaja evolutiva para nuestra supervivencia.
Existe, además, lo que podríamos denominar “empatía negativa” y es la que transforma el sufrimiento ajeno en alegría propia y la alegría ajena en sufrimiento propio. Esta tendencia, de tipo competitivo, nos induce a perjudicar a los demás y, en lo posible, a no beneficiarlos.
La tendencia a la competencia favorecerá nuestra supervivencia sólo en el caso en que se compita con un mismo, con afán de superación o bien tratando de ser superior a los demás mostrando una mayor empatía positiva.
El descubrimiento de las neuronas espejo ha permitido vislumbrar el fundamento neurológico del proceso mencionado, es decir, de la empatía. Se ha verificado, desde hace unas décadas atrás, que ciertos animales activan una parte de sus neuronas cerebrales cuando realizan cierta acción y también cuando una acción similar es realizada por otro animal, o por algún hombre. Las neuronas espejo permiten, por lo tanto, reproducir ciertos estados anímicos de otros individuos brindando una base neurológica observable para el proceso de la empatía. Peggy Mason escribió: “¿Cómo puede el cerebro conseguir la empatía? La respuesta más verosímil está en las neuronas espejo, células del cerebro que se activan cuando se observa a otro individuo, animal o persona, que realiza una tarea o sufre un dolor” (De “Mente y cerebro” Set/Oct 2009)
La conciencia moral está muy ligada a la empatía, ya que podemos conocer suficientemente los efectos de nuestras acciones a partir de la posibilidad de sentir cercanamente lo que otra persona siente.
5 – Actitud
Existe en cada individuo una respuesta característica por la cual responde de igual manera en iguales circunstancias, al menos en alguna etapa de su vida. Debido a esta actitud característica es posible conocer a las personas. De lo contrario sería imposible prever posibles comportamientos y la imprevisión total sería lo cotidiano. Este aspecto del comportamiento humano es empleado por la Psicología Social de manera preponderante. Podemos definirla con cierta precisión:
Actitud característica = Respuesta / Estímulo
De ahí que podremos prever una posible respuesta ante cierto estímulo conociendo la actitud predominante en un individuo:
Respuesta = Actitud característica x Estímulo
Podemos describir la mayor parte de las actitudes teniendo presente el mencionado proceso de la empatía, además de agruparlas según que tales actitudes favorezcan la cooperación o bien la competencia.
Cooperación: Amor (compartir las penas y las alegrías ajenas)
Competencia: Odio (sentir alegría ante el sufrimiento ajeno) (burla como expresión) y (sufrir ante la alegría ajena) (envidia). Egoísmo (interesarnos sólo por cada uno de nosotros mismos)
Otra actitud: Negligencia (desinterés por lo que le ocurre a los demás e incluso a uno mismo)
Estas actitudes básicas no existen, en cada persona, con total exclusión de las demás, sino que coexisten en distintas proporciones. Además, las actitudes no son fijas o invariables en el tiempo, ya que es posible mejorarlas (o incluso empeorarlas) bajo la influencia del medio social.
6 – Escala natural de valores
Teniendo presente las actitudes que favorecen la cooperación, tendremos en el primer lugar de la escala al hombre (y los mamíferos en general) que están provistos de la capacidad de la empatía. Este atributo les permitirá compartir el sufrimiento de sus semejantes, incluso de otros seres vivos que estén en su medio social.
En segundo lugar, en un orden descendente, tendremos a los reptiles, que no poseen la capacidad mencionada. Así, una víbora no siente sufrimiento alguno cuando algo malo le sucede a su propia cría. También el hombre egoísta carece de la predisposición a compartir el sufrimiento ajeno, aun cuando posea empatía.
En tercer lugar aparece la “empatía negativa” existente sólo en el ser humano (al menos en cuanto conoce el autor). Esta empatía negativa es la que permite cambiar sufrimiento ajeno por alegría propia y alegría ajena por sufrimiento propio, siendo la burla y la envidia los síntomas asociados a esta actitud.
Nótese que, mediante la envidia, el hombre se inflinge un castigo a sí mismo, cercano e inmediato. Pareciera que es el castigo que corresponde como consecuencia de haberse alegrado del mal ajeno en otras circunstancias. Este es un indicio de la existencia de cierta justicia natural que hace innecesaria, muchas veces, la justicia del hombre. El sufrimiento, en general, puede considerarse como una medida de nuestro grado de desadaptación al orden natural.
El conocimiento de estos aspectos básicos de la naturaleza humana actuará como base para un simple proceso de introspección que posiblemente facilitará la mejora ética del individuo.
La dignidad del hombre está asociada al predominio de la actitud que le permite compartir el sufrimiento ajeno, por lo que la felicidad la establecerá por medio de la búsqueda de satisfacciones morales.
El egoísta, por otra parte, al carecer de dignidad suficiente, preferirá ser considerado un corrupto, antes que pagar sus deudas, optando por la ventaja material o económica correspondiente a ese incumplimiento.
El hipócrita reconoce los méritos de quien posee dignidad, aunque opta por renunciar a ella, mientras que el cínico desconoce todo tipo de valores éticos y poco le importan las opiniones que de su persona podrán tener los demás.
7 – Ética natural
A partir del punto de vista adoptado, es posible establecer una ética que viene implícita en las leyes naturales que rigen nuestro comportamiento.
La ética describe el comportamiento humano en base a los dos efectos extremos del Bien y del Mal. Por ello es posible asociar el Bien al amor, mientras que al Mal se lo asocia al odio, al egoísmo y a la negligencia. El Bien responde a la cooperación mientras que el Mal responde a la competencia o bien al desinterés por los demás.
Teniendo presente las cuatro actitudes básicas del hombre, puede observarse la existencia de una ética natural y objetiva, ya que los efectos causados por las distintas actitudes serán similares en los distintos pueblos y en las distintas épocas.
El comportamiento ético del hombre no dependerá solamente de la existencia predominante de la actitud cooperativa, sino también del conocimiento de los efectos que cada una de nuestras acciones producirá en los demás. Tanto los sentimientos ajenos como el conocimiento que de ellos tenemos están ligados directamente con el proceso de la empatía.
El hombre busca la felicidad tratando de buscar placer y comodidades para su bienestar corporal, o bien buscando conocimientos para su bienestar intelectual, o bien buscando satisfacciones morales que derivan de su actitud cooperativa hacia los demás, o bien buscando todos ellos en forma conjunta. Logrará, de esa forma, distintos grados de felicidad.
La ética cooperativa sirve para construir una personalidad acorde a los lineamientos implícitos en la ley natural, mientras que el relativismo moral, que niega la validez objetiva de toda ética, impedirá ese logro. Si no admitimos la existencia del Bien y de la Verdad, tampoco los buscaremos.
8 – Libertad e igualdad
Ciertos objetivos prioritarios como la libertad y la igualdad dividen a gran parte de la intelectualidad. Es oportuno vincular estos objetivos a las actitudes básicas en el hombre para lograr una aceptable descripción de este aspecto del pensamiento social.
Quienes tengan suficiente confianza en ellos mismos, incluso en la propia naturaleza humana, sostendrán que la libertad es la condición propicia para el éxito del individuo y de la sociedad. Éste vendría a ser el requisito básico del liberalismo, tanto en lo político como en lo económico.
Quienes, por otra parte, dudan de sus propias capacidades, incluso de la propia naturaleza humana, sostendrán que la igualdad social es la condición propicia para el éxito del individuo y de la sociedad. Este vendría a ser el criterio básico de las posturas socialistas.
Es interesante tener presente que, muchas veces, no se busca la igualdad por la incomodidad material que la pobreza significa, sino por el hecho de que otros tengan mejores medios. Mientras que el liberalismo acepta la “desigualdad en la riqueza”, el socialismo acepta la “igualdad en la pobreza”.
La oposición entre libertad e igualdad implica otra oposición no menos importante, que es la existente entre individuo y colectividad. Mientras que el liberalismo parte de objetivos sociales que permitan a todo individuo lograr en aceptable grado de felicidad, las tendencias colectivistas buscan prioritariamente el éxito del grupo social incluso proponiendo que el individuo renuncié a todo interés personal e incluso llegue a sacrificarse por la sociedad (o el Estado, o por quienes lo dirigen).
Es oportuno mencionar que las más grandes catástrofes sociales ocurridas en la historia han sido promovidas por las tendencias colectivistas (nazismo y comunismo), por lo que resulta llamativo que todavía existan quienes las promuevan.
Tales tendencias de libertad e igualdad no serán contradictorias cuando consideramos como objetivo adaptarnos a la ley natural (logrando libertad) y compartiendo las alegrías y el sufrimiento del prójimo (logrando igualdad).
9 - Educación
Debido a la creciente influencia de quienes persiguen la igualdad, en todos los aspectos de la vida social, en los medios educativos se tiende a no reconocer los méritos de los mejores. Con ello tiende a reducirse el nivel general de la educación. Se trata de evitar actitudes competitivas en los “ganadores” en lugar de persuadir, además, a los “perdedores” para que dejen de ser tan competitivos y permitan a los mejores desempeñarse según la capacidad natural que poseen.
La educación debe estar orientada a promover nuestros deberes, tratando de que seamos capaces de compartir el sufrimiento ajeno. Por el contrario, cuando está orientada a que seamos exigentes en cuanto al respeto de nuestros derechos, esperamos que sean los demás quienes compartirán nuestro propio sufrimiento. De esta forma, se está promoviendo el caso extremo del “noble déspota”, exigente por el respeto de sus derechos y poco proclive por el cumplimento de sus deberes (los derechos ajenos).
10 – Religión
De tener validez lo expresado antes, el mandamiento cristiano del amor al prójimo podrá expresarse como: “Comparte las penas y las alegrías ajenas como si fuesen propias”. Con ello se está sugiriendo una actitud concreta a adoptar.
La actitud cooperativa es esencialmente una actitud igualitaria, por cuanto la palabra “prójimo” implica todo ser humano, sin excepción. Puede decirse que lo novedoso del cristianismo radica en la ampliación de los destinatarios de nuestra empatía, ya que propone trascender el ámbito familiar para llegar al ámbito social. De esa forma puede materializarse la diferencia esencial que debe existir entre el hombre y los demás seres vivientes, algo que todavía no ha podido concretarse, al menos en una forma generalizada.
Podemos decir que la ética cristiana tiene un fundamento simple, observable e incluso fundamentado en aspectos básicos de nuestra conducta. El cumplimento de dicho mandamiento vendrá a ser una especie de “requisito de calidad personal” que debemos tratar de respetar.
Sin embargo, es común observar que tal mandamiento ha sido reemplazado por el mérito aparente de adoptar una postura filosófica respecto de cómo funciona el mundo real. Se considera meritorio creer en un Dios que actúa sobre el mundo, mientras que se descalifica a quien piense que el mundo puede funcionar de otra manera.
Hemos visto que desde la Psicología Social se pudo establecer una ética natural cercana a la ética cristiana, por lo que también podría interpretarse al cristianismo como una religión natural; algo más simple de aceptar que la religión tradicional o revelada.
La identidad entre ambos tipos de religión puede vislumbrarse asociando al propio Creador una posible actitud característica. Si imaginamos que responde de igual manera en iguales circunstancias, se trataría de una misma postura. Si, en cambio, respondiera de distinta manera, especialmente ante los pedidos realizados por los seres humanos, estamos ante los lineamientos básicos de la religión pagana, desvinculada de las leyes naturales. Este tipo de religión considera que el premio o el castigo a nuestras acciones ya no dependerán de nuestra actitud ética, sino de las arbitrarias decisiones del Creador.
11 – Política
Es deseable que exista el gobierno de la ley natural sobre el hombre en lugar del gobierno del hombre sobre el hombre, lo que implica casi siempre cierto tipo de esclavitud. Si cada hombre tiene el propósito de lograr una actitud cooperativa, puede decirse que trata de admitir el gobierno de la ley natural sobre su persona, lo que se conoce como el “gobierno de Dios” (o el Reino de Dios) en la religión cristiana.
La política debería contemplar la generalización de este tipo de gobierno, mientras que, cuando los políticos se proponen dominar al Estado como paso previo al gobierno material y mental de todo individuo, se cae en situaciones desagradables para el ciudadano común.
La búsqueda de la ciencia política ha sido, desde bastante tiempo atrás, la de restringir el poder personal de los gobernantes para evitar que se caiga en el dominio personal antes mencionado. De ahí que los sistemas democráticos son los que mejor cumplen con esta función.
Debe decirse que la democracia no sólo implica la libre elección de autoridades en forma periódica, sino el respeto riguroso de las leyes que limitan los poderes de quienes dirigen al Estado.
Quienes se oponen a la democracia son los sistemas colectivistas (fascismo, nazismo, marxismo) que fingen adoptar posturas democráticas tan sólo para acceder al poder, aunque luego adoptan posturas netamente totalitarias, incluso optando por el partido político único.
Es propio de los colectivistas la difamación de los sectores opositores y la discriminación promovida; discriminación racial en el caso de los nazis y discriminación social en el caso del marxismo. Mientras que para el nazi resultan ser los judíos los culpables de los grandes males de la humanidad, para el marxista resulta ser el empresariado (la burguesía), por lo que no es de extrañar que estas ideologías favorecieron el asesinato de decenas de millones de seres humanos.
De dudosos fundamentos, ya sean experimentales o racionales, resultan ser casi como nuevas religiones, pero religiones del odio y la discriminación hacia importantes sectores de la sociedad y de la humanidad.
12 – Economía
Luego de la aceptación de las ventajas inherentes a la división, o especialización, del trabajo, le sigue el posterior intercambio en el mercado. Este proceso autorregulado ha resultado ser el más eficaz, si bien requiere de la sociedad una adaptación al mismo, y que consiste, entre otros aspectos, en la aceptación de la ética natural de la cual antes se habló. Podemos sintetizar esta idea:
Economía de mercado = Trabajo + Ahorro productivo + Ética natural
La ciencia económica describe el comportamiento del mercado y de las formas adecuadas de adaptarse al mismo. Sin embargo, existen otras posturas que proponen una economía planificada desde el Estado, incluso con la exclusión de la propiedad privada de los medios de producción (socialismo).
El sólo hecho de estatizar, o nacionalizar, los medios de producción, puede llevar a la sociedad al Estado totalitario, con la evidente pérdida de la libertad individual.
Es oportuno mencionar el caso del marxismo, el cual niega la validez de la religión, de la ética objetiva y de la democracia (o sus objetivos), mientras que también niega la validez de la ciencia económica y del mercado como sistema autorregulado.
Es evidente que si la religión, la política y la economía actuales, no funcionan como todos esperamos, debemos tratar de mejorarlas en lugar de tratar de destruirlas imponiendo criterios de validez sectorial alejados de las evidentes y cercanas leyes naturales que rigen la conducta de los hombres.
Existen causas culturales que favorecen, o bien retrasan, el desarrollo económico y social de los pueblos. Uno de los aspectos notables en algunos países subdesarrollados radica en la discriminación social hacia el empresario; justamente quien es el principal factor del funcionamiento de la economía. Se piensa, en tales países, que el capitalismo es malo, por lo cual existe una importante evasión de capitales desde esos países hacia los más desarrollados. Luego se protesta airadamente contra la “dependencia económica” que en realidad se favoreció ante tales creencias.
La legitimación del marxismo se basa en el supuesto de que el empresario privado es “malo y egoísta por naturaleza”, mientras que el marxista, dirigiendo la economía y la vida de todo individuo, es “bueno por naturaleza” y por ello resultará el mejor gobernante. El capitalismo estatal (socialismo) acentúa todos los errores atribuidos al capitalismo privado.
13 – Sentido de la vida
La felicidad del hombre está ligada a la existencia de un sentido de la vida. Cuando nuestras acciones se orientan a la realización de metas previamente establecidas, decimos que tienen un sentido. La ausencia de objetivos lleva implícita la falta de acciones a ellas asociadas.
Es importante saber si, además del sentido de la vida adoptado por cada hombre, existe un sentido de la vida general impuesto por el propio orden natural. La existencia de la empatía y de las actitudes básicas del hombre, vislumbran la existencia de ese sentido y nos imponen la necesidad de establecer elecciones, ya sea que optemos por cooperar con los demás o bien por competir con los demás (con diferentes resultados como la felicidad o el sufrimiento, respectivamente).
El comportamiento ético del hombre no sólo será favorecido por el conocimiento de las leyes básicas que rigen nuestra conducta, sino también por la evidencia de que existe un orden natural que nos presiona a vivir de cierta manera y nos prohíbe, mediante el sufrimiento, a vivir de otras formas.
Podemos decir que el mundo funciona de tal manera que tiene una finalidad aparente y que esa finalidad incluye al hombre. Nuestra misión en el mundo consiste en descubrir el espíritu de la ley natural para adaptarnos a ella.
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